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Firmeza y límites en la educación

Los límites son muy importantes en la educación de los niños.

Pregunta : Hola, buenas tardes. Tu que me aconsejas para dominar o controlar a mi hijo que tiene 5 añitos y no quiere hacerme caso. Me grita, y a veces tengo que pegarle, pero sigue igual.

Respuesta : El tema por el que usted nos pregunta, cuestión por otra parte muy usual en la educación de los hijos, es muy amplio, pero vamos a tratar de exponer una pequeñísima parte en respuesta a su pregunta.

Como hemos comentado en otras ocasiones, no hay una varita mágica ni una sola fórmula que nos permita resolver eficazmente los pequeños y grandes conflictos que surgen casi diariamente en la educación de nuestros hijos. En muchas ocasiones el niño nos lo pone realmente difícil y tenemos ganas de darle una buena azotaina, pero el azote no es un buen recurso pedagógico. A veces podemos perder el control y luego nos sentimos tremendamente culpables.

No debemos mostrarle que solo sabemos mandar con el “látigo”, sino que poseemos muchos otros recursos eficaces para solucionar el conflicto y poner límites cuando sea necesario.

Algunos niños han aprendido a conseguir que sus deseos se hagan realidad mediante las rabietas o pataletas, y no dudan en recurrir a los gritos, a las patadas, a morder, etc. En todas estas situaciones tenemos que tener presente que es importante mantenernos firmes, pacientes y transmitir la idea de que controlamos la situación y que tenemos todo el tiempo del mundo, aunque realmente no sea así.

A veces, también los adultos no manejamos adecuadamente nuestras propias situaciones difíciles, perdemos el control de nosotros mismos, y cuando todo ello ocurre en presencia del niño le estamos mostrando un modelo de reacción inadecuada. Recordemos que los niños imitan en todo a los adultos.

En cierta ocasión a la psicoanalista francesa FranÇoise Dolto le realizaron una pregunta similar en su programa de radio, y ella además de lo que normalmente todos los psiquiatras y psicólogos aconsejamos, recomendó el apoyo del padre. Ella sugería que en esas situaciones el padre interviniera diciendo: “no permitiré que nadie en mi casa sea irrespetuoso o impertinente con mi mujer “.

En resumen, en cuestión de la desobediencia debemos dar las ordenes con calma, tranquilidad y firmeza, sin gritos ni signos que muestren nuestra impotencia o debilidad. Con respecto a los gritos del niño prohibírselos, también con firmeza, y pedirle que hable en un tono adecuado como nosotros mismos estamos haciendo. Si nosotros le damos respecto decirle que igualmente nosotros lo pedimos.

Finalmente, desde hace años cuando algunos padres nos piden alguna lectura que les oriente en la educación de sus hijos, nosotros solemos recomendar un libro ya clásico, el cual, aunque fue publicado hace ya casi 30 años, es para nosotros una de las mejores publicaciones dirigidas a padres y educadores, no a profesionales. Está escrito en un lenguaje claro,sencillo y conciso. Se trata del libro titulado “El niño feliz”, escrito por Dorothy Corkille Briggs, que fue editado por la editorial Gedisa en 1983.

 

(Editado

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